Estoy hasta las
narices, obsérvese que las narices suelen estar bastante
más arriba que los cojones, de la campaña publicitaria
a favor del cine español, mejor dicho, de la campaña
a favor de asesinar a cualquier niño que lleve un bate de
béisbol. He visto al odioso niño unas cien mil veces,
mientras que de los otros dos prometidos anuncios de la supuesta
campaña no hay rastro.
El problema del
cine español no es que ‘nosotros seamos diferentes’
como proclama la campaña, o hagamos las cosas de modo diferente
a como las hacen los americanos y no nos hayamos dado cuenta. El
problema está en que, en una cosa sí nos parecemos
a los americanos y a cualquier ser humano cuerdo, si vamos al cine,
es para entretenernos, para pasar un buen rato y evadirnos de nuestra
vida cotidiana y sus rutinas. El problema del cine español
‘culto’ o ‘concienciado’ (pues está
claro que películas como Torrente no parecen sufrir
‘el problema del cine español’) es que ni sabe
entretener ni tiene voluntad de hacerlo, prefiere concienciar. Últimamente
los argumentos de las películas españolas no suelen
variar demasiado, tratan de cómo un/a pobre infeliz lo pasa
mal y sufre muchísimo a lo largo de 90 minutos de metraje.
Los lunes al sol, La vida de nadie, Te doy mis ojos y un
largo etcétera sirven de ejemplo de este cine español
concienciado y comprometido, que al parecer sólo por tratar
los temas que trata se convierte en poco menos que una obra de arte.
Pues bien, a mí
no me parece que por que saquen mujeres maltratadas, violaciones,
parados, inmigrantes y demás en una película ésta
pase a ser una buena película y no una prolongación
de un telediario cualquiera. Compromiso no equivale a calidad, aunque
no voy a negar que se puede entretener al mismo tiempo que se transmite
un mensaje, baste ver las magníficas primeras películas
de Berlanga y Azcona (Bienvenido Mr. Marshall, Cándido,
Atraco a las tres, Los jueves milagro…) en las que no
paran de lanzarse continuadas críticas contra la opresión
en aquella época y sus valedores (iglesia), pero de una manera
tan fina y sutil que los estúpidos censores no pudieron vetarlas
en su momento. Ahora que ya no tenemos censura sólo se hace
mal cine mientras se glorifica a una panda de llorones victimistas
que se creen intelectuales progresistas sólo por gritar un
par de consignas, que no paran de suplicar por ayudas y subvenciones
y que no son capaces de llevarnos al cine. De acuerdo, el cine americano
es mucho más poderoso, mueve dinero, está más
apoyado y consolidado, pero eso no justifica los patéticos
guiones del cine español, y es que la creatividad no se compra.
El cine español
no se hace atractivo a los españoles ahí está
el problema. La culpa no es del público español. Lo
último se llama La vida que te espera, que trata
de un asesinato y una historia de amor en el valle del Pas, Cantabria.
Imagínate, pasiegos asesinos (con todo mis respetos para
los pasiegos), todo el día ordeñando vacas, mirando
paisajes y comiendo sobaos. Por muy buena que sea la película
los principales trazos de su argumento me repelen más que
atraerme.
El cine es, antes
que cualquier otra cosa, entretenimiento. Si se hace cine es para
entretener. Lo del arte es secundario ¿creéis que
un parado español que vive como puede y va al cine porque
desea dejar sus penurias atrás durante una hora y media elegirá
Los lunes al sol sólo porque es una película
‘con mensaje’, ‘concienciada’ y ‘comprometida’?
Os creéis
muy listos si pensáis que voy a hablaros de doña Letizia
Ortiz Rocasolano a quien Dios guarde muchos años (toma rima
asonante), me apena deciros que os equivocáis. El título
os ha inducido a errar, y es que cualquier persona con un mínimo
de estilo literario (sobran ejemplos: Ana Rosa Quintana, Ana Obregón,
Rosa Montero…) dedicaría este humilde post a ensalzar
las, de sobra reconocidas, virtudes de tan magno personaje. Pero
yo prefiero ser imprevisible y no tener estilo literario, que El
código Da Vinci, esa joya de la nueva narrativa, ha
demostrado con creces que eso del estilo literario es una patraña
que no sirve para nada y que donde esté el marketing que
se quite lo demás, claro que sí.
Los títulos
literarios son muy importantes (los de propiedad lo son mucho más)
son como la llamada a la presa, el reclamo del cazador. Los libros
nos cazan con el título que es una especie de reclamo para
pájaros bobos. Si un libro tiene un buen título ya
tiene el 50% de la publicidad, el resto consiste en diseñar
una bonita cubierta y que en la sinopsis de la contraportada se
hable de cualquier cosa excepto del argumento del libro. El título
en el libro, es su presente y su futuro, eso lo sabe todo lector
y sólo unos cuantos autores. Algunos se obsesionan hasta
tal punto con elegir un buen título que acaban olvidándose
del libro en si. Proust podría servirnos de ejemplo: A
la sombra de las muchachas en flor (segunda entrega de En
busca del tiempo perdido) es un título precioso, de
hecho puede ser lo único bueno que tiene esa magna obra de
la literatura francesa capaz de inspirar un temor irracional hacia
las madalenas mojadas en el café, por la capacidad
que éstas tienen de desencadenar nada menos que siete tomazos
de aburridísimas e inacabables descripciones.
No he leído
ningún libro del escritor portugués Antonio Lobo Antunes,
por lo que no puedo criticarle, pero el otro día, curioseando
en una librería, descubrí un libro suyo con un título
increíble: No entres tan deprisa en esta noche tan oscura.
Minutos más tarde el título me había dejado
de gustar porque mi hemisferio derecho se puso a bromear y a comparar
el título con otros como: No te olvides de comprar pan
si sales a la calle o No sé donde puse las llaves
cuando llegué ayer de su autoría. Enseguida me
desenamoré del título: si a mi hemisferio derecho
no le gusta algo, más vale no llevarle la contraria y mantenerle
de buen humor.
El poder de los
títulos llega hasta la televisión, no hay más
que fijarse en el ejemplo de El Diario de Patricia, el
decano de los programas de testimonio en este país. El
Diario de Patricia se llama El Diario de Patricia
porque lo presenta una señora que se llama Patricia, razón
de ser del programa, es obvio. En verano esa señora se va
de vacaciones y el programa pasa a llamarse El Diario de Verano,
aunque la chica que lo presenta no se llama Verano, de hecho nadie
sabe cómo se llama la chica que lo presenta, y esto es así
porque ella no es más que una suplente cuyo nombre no merece
la pena ni recordar, no como el de la presentadora-fundadora, Patricia.
El caso de Día a día es justo el contrario.
Seguro que muchos no sabéis que programa es Día
a día, pero ¿y si en vez de Día a
día digo ‘el programa de Maria Teresa Campos’?
Entonces seguro que acudirán a vuestra cabeza imágenes
de horas de emisión ininterrumpida a lo largo de las cuales
María Teresa Campos no para de hablar ni para respirar y
apenas deja acabar a sus contertulios aquello que les ha quedado
por decir y opta por acabarles ella misma las frases. Pues como
tiene que ser, para eso ella es Maria Teresa Campos y ése
es su programa, lo de Día a día
debe de ser para despistar.
Dónde es
menor el poder de los títulos, al menos en cuanto inteligencia
se refiere, es en el mundo de la canción. Si creímos
haber tocado fondo con Aserejé, se debió
a que el hombre es bueno por naturaleza además de un ingenuo,
un crédulo y un optimista sin límite. No nos imaginábamos
que habíamos subestimado a las discográficas. Éstas,
ofendidas, heridas en lo más profundo de su orgullo al ser
subestimadas, perpetraron como venganza el verano pasado ‘el
Papichulo’, todo un insulto contra el homo sapiens
(categoría en la que por supuesto no incluyo a la totalidad
de la raza humana) e incluso contra la propia ‘canción
del verano’ el summun de la horterada, y es que Papichulo
es mucho Papichulo. Más tarde, pero no mucho más,
las televisiones privadas, heridas también en su orgullo,
aunque nadie sabe muy bien por qué, perpetraron el ‘politono
papichulo’, el 'manda chiste picante/susto/poema
de amor al 7777' y demás, llenándonos de temor
e incertidumbre:Papichulo es difícil de superar
¿qué será lo próximo?
La Navidad es un periodo de cenas de compromiso
a las que nunca quieres ir pero a las que, por alguna razón
que nadie ha conseguido explicarte, crees que debes ir:
Cena
con unos amigos: Una comida espantosa en un sitio
espantoso y con una conversación vomitiva, y es que cuando
a mi me juntas a Bach y Star Wars en la misma frase antes de que
sirvan el primer plato, no sé por qué, pero se me
va el apetito y me entran unas ganas de vomitar tremendas.
Cena
con otros amigos: Me llevan a un restaurante de prefijos
y adjetivos, es decir, un sitio muy neo-retro-minimalista/zen. Nada
más entrar sé que acabaré pagando la cena con
los réditos que obtenga de venderle mi alma al diablo. Un
sitio precioso y elegante, sólo superado por el precio de
la cena, directamente proporcional al tamaño de los platos
e inversamente proporcional al contenido de los mismos.
Cena
con otros amigos (diferentes de los de las otras dos
cenas): Cuando llego ya se han bebido tres rondas de cerveza. La
cena acaba debido a que nadie es capaz de articular la palabra ‘cerveza’
correctamente y no podemos pedir más.
Cena
de Nochebuena: 11.30 Todo empieza bien y parece seguir las mismas
directrices que otros años: todos ríen, comen y beben
mientras mis primos cantan villancicos. 12.00 Mis primos siguen cantando villancicos, me
quiero morir. 12.30 Mis primos me proponen jugar a los piratas
y yo, que me he pasado un poco con el champagne, acepto a condición
de que dejen de cantar. 12.45 Acabo de pintarme unos bigotes con el corcho
quemado de una botella tras haberle pintado a mi primo unas patillas
y a mi prima unos bigotes y una perilla. 12.50 Mi prima, de nueve años, cree que
deberíamos ponernos todos rímel, ella dice que igual
que Johnny Depp en Piratas del Caribe, mi primo (ocho años)
y yo, nos negamos. Con dos votos a favor (el mío y el de
mi primo) y uno en contra (mi prima) salgo elegido capitán
pirata. 1.00 Sorprendo a mi prima intentando probar el
champagne a escondidas. Ella alega que es ron y que todos los piratas
lo beben. 1.30 Mi prima se pone trascendente (creo que finalmente
ha conseguido beber champagne), quiere saber qué significa
para mí la Navidad. Estoy tentado entre ponerme empalagoso
como un anuncio de turrón o ponerme reivindicativo mientras
despotrico contra la Navidad, el consumismo extremo y Papá
Noel, pero opto por contestar: “Somos piratas y tenemos muchos
barcos que abordar, así que no me hagas perder el tiempo
con preguntas, grumete” 2.00 Mis tíos vuelven a su casa y yo tengo
que llevar en brazos a mis primos al coche. Llevan manchurrones
negros en la cara, son los bigotes y la perilla despintados y casi
borrados. Se han quedado dormidos, los piratas también se
cansan.
Los fabricantes de patatas fritas con sabor
ketchup no mienten, sus patatas no saben a patata, ni siquiera al
plástico del que están hechas, saben a ketchup. A
todo lo que le echas ketchup acaba sabiendo unicamente a ketchup,
es inevitable. Es un sabor violento que arrasa cualquier otro vestigio
de sabor. Su aroma impregna todo lo que toca.
El ketchup sabe a ketchup.
La carne con ketchup sólo sabe a ketchup.
Las salchichas con ketchup también saben a ketchup.
Cualquier plato con ketchup sabe irremediablemente a ketchup.
Las películas de institutos americanos saben a ketchup.
El 4 de julio sabe a ketchup.
La estatua de la Libertad sabe a ketchup.
Las películas de americanos “salvapatrias” saben
a ketchup.
Los Estados Unidos de América, la tierra de las oportunidades,
saben a ketchup.
Bush sabe ketchup.
Y ahora pruebe el nuevo Irak, también con sabor a ketchup.
Si cuando vas andando
por la calle una chica a la que nunca has visto te para de repente,
te sonríe, te estampa dos besos estilo ‘guerra preventiva
en Irak’ y te pregunta: ¿te acuerdas de
mí?, lo que debes decir es:
a) No.
b) No.
c) Tampoco.
En el caso de que
seas yo - caso bastante improbable porque yo soy yo y nadie más
que yo puede ser yo - lo que realmente dices suele distar mucho
de lo que deberías decir. Por esta razón, en lugar
de decir la verdad, sonreí, abrí mucho los ojos y
contesté con un: “¡Claro! ¿Cómo
te va?”. Fue una actuación estelar, de
oscar de la Academia, cualquier jurado del mundo se lo hubiese tragado.
No me tachéis
tan rápido de mentiroso, considerad la situación,
tened en cuenta que el ser humano es un animal social y que como
tal ha recibido una educación y adquirido unos roles que,
podría decirse, le obligan a seguir unas pautas de comportamiento
en este tipo de situaciones. En mi caso las reglas y pautas sociales
me obligaron a responder la pregunta estándar de las relaciones
humanas ¿te acuerdas de mí?,
de acuerdo a mi educación social, simplemente le dije que
sí y favorecí el campo de las, hoy en día,
tan deterioradas relaciones humanas.
Pero
entonces todo se torció. Tras los dos besos de cortesía,
ambos nos mirábamos bajo nuestra mutua sonrisa de relación
social sin decir nada, cada uno esperaba a que el otro dijese algo.
Ella, aun con su sonrisa social, me miró, me remiró,
entrecerró los ojos y me escrutó de arriba abajo.
Sin previo aviso, aquella sonrisa tan estudiada se esfumó
para dejar paso a una desagradable mueca de curiosidad científica
a la que siguió una cara de sorpresa y pavor que fue acompañada
de la frase: “¡Oh Dios mío, creo
que te he confundido con otra persona! Yo… lo siento…”
retrocedió unos pasos sin dejar de vigilarme y se fue con
su rubor lejos de aquella embarazosa situación que la educación
social no es capaz de prever.
Juraría que mientras se alejaba aun dirigió un par
de miradas hacia el nuevo psicópata que acababa de conocer,
que en aquellos momentos, no sabía donde meter su estúpida
sonrisa de ridículo social, oscar de la academia.
Manifiestos,
libros de autoayuda desperdiciados, frustraciones y evaluaciones
Manifiestos,
como éste
último que han colgado en la red. Una especie de manual de
urbanidad, compendio de buenos usos y buenas costumbres, algo así
como los baremos de pureza revolucionaria necesarios para obtener
el carné del Partido. Me encantan las reglas.
Libros de
autoayuda desperdiciados, como el que se podría
haber escrito con el Manifiesto
mencionado más arriba. Quien lo escribió podría
estar nadando en la abundancia en estos momentos, cada vez hay más
webloggers/bloggers/bloggeros/bitacoreros que nacen a este mundillo,
el libro de autoayuda hubiese sido un éxito de ventas. El
ascenso del número de tarados/estúpidos/zopencos/imbéciles
y un largo etcétera de profesiones liberales también
aumenta proporcionalmente. Lo dicho, hubiese sido un éxito
de ventas.
Frustraciones,
como la mía. Coincido con la mayoría de puntos enunciados
en dicho Manifiesto,
yo lo podía haber escrito/yo lo hubiese vendido a una editorial
como libro de autoayuda/yo sería rico. Así es la vida.
Evaluaciones,
como la que vais a llevar a cabo, camaradas. Sólo vosotros
podéis juzgar a este humilde weblog en arreglo a los cánones
del citado Manifiesto.
Deseo que me concedáis el carnet de pureza revolucionaria
del Partido.
¿Qué fue primero, el nacimiento
de Jesucristo o Chanel nº 5? Cada vez estoy menos seguro. Se
acerca la Navidad, y con ella los anuncios de perfume. El mundo
se vuelve mágico, elegante y sofisticado en estas fechas.
Si lo artificial es bello, los anuncios de perfume, más.
Inés Sastre camina descalza sobre las aguas de una fuente.
Se obra un milagro. Los lobos no se resisten a los encantos de la
caperucita con tacones de Chanel. Otro.
Podemos creer en una vida donde todo es perfecto, donde no hace
falta hablar, reír o llorar, basta con oler bien.
Podría parecer que regalarle a alguien una colonia, un perfume,
es similar a gritarle tu opinión sobre su higiene personal
(o falta de). Pero no es así, ni muchísimo menos.
Cuando regalas perfumes, no regalas sólo un perfume, estás
regalando sueños embotellados.
Se acerca la Navidad y en televisión flotan a la deriva,
en forma de anuncio, retazos de esos sueños, basta con elegir
uno. Sueños perfectos y maravillosos, pero que se desvanecen
en el aire tan rápido como el último aliento de un
muerto. Al fin y al cabo, sueños son los olores.
Inés (quien pudiera ser eco de su mirada o diana de su perfume)
ya no está en la televisión, en su lugar llora un
bebe de plástico. Se acerca la Navidad.
- Montar una exclusiva
mini fiesta para seis personas en el probador de un centro comercial.
- Ir a beber cerveza negra a un lóbrego pub irlandés
de cuatro a siete de la tarde. Cuando sales de allí estás
borracho y deprimido y sólo son las siete, por lo que aun
puedes aprovechar la tarde.
- Meterse en un supermercado y repetir a gritos a los clientes las
ofertas que se escuchan por megafonía.
- Ofrecerles a unos turistas ingleses una visita guiada por el centro
histórico de tu ciudad, ganarte su confianza, introducirlos
en las callejuelas más recónditas y abandonarlos a
su suerte cuando no miren.
- Pasarte horas y horas criticando cosas como: la dinámica
del interser, la monarquía o el bigote de Aznar. No por ese
orden.
- Asaltado por remordimientos, planear una expedición para
rescatar a los pobres turistas ingleses a los que abandonaste.
- Hacer “teatro callejero”, es decir, perder el sentido
del ridículo delante de cualquier transeúnte. Si los
artistas callejeros hacen arte ¿por qué tú
no?
- Intentar ser captado por alguna secta yendo a sus sedes. Cuanto
más satánica-destructiva, mejor.
- Si consigues encontrar a los turistas ingleses muéstrate
ofendido y échales la culpa de haberse perdido.
PD: Siento
haber tardado tanto tiempo, estaba buscando a mi vida.
-Nunca he entendido
a las feministas… -dijo Christiane a media cuesta-. Se pasaban
la vida hablando de fregar los platos y compartir las tareas; lo
de fregar los platos las obsesionaba literalmente. A veces decían
un par de frases sobre cocinar o pasar el aspirador; pero su gran
tema de conversación eran los platos por fregar. En poco
años conseguían transformar a los tíos que
tenían al lado en neuróticos impotentes y gruñones.
Y en ese momento, era matemático, empezaban a tener nostalgia
de la virilidad. Al final plantaban a sus hombres para que las follara
un macho latino de lo más ridículo. Siempre me ha
asombrado la atracción de las intelectuales por los hijos
de puta, los brutos y los gilipollas. Así que se la tiraban
dos o tres veces, a veces más si la tía era muy follable,
luego se quedaban preñadas y les daba por la repostería
casera con las fichas de cocina de Marie-Claire. He visto el mismo
guión repetirse docenas de veces.
PD: Recomendadísimo.
Tan dolorosamente real, tan malévolamente divertido, tan
desesperadamente triste, tan tremendamente diferente. Fútbol
es fútbol dijo un sesudo entrenador en una rueda de prensa.
Houellebecq es Houellebecq digo yo aquí. Tan, pero tan, diferente...
Ya
estoy listo para mi primer plano Sr. De Mille...
Es bonita aquello que dice que la vida es
como una película de cine. Pero como todas las frases bonitas
es más falsa que una moneda de corcho. De acuerdo, nuestra
vida es como una película, pero sin guionistas en plantilla,
o lo que es lo mismo, con cada uno como su propio guionista. Y ahí
está el fallo. Estoy seguro de que el guionista de la última
película de Schwarzenegger, aquella sobre unas elecciones
a gobernador de California, cobró por escribirla. Pero en
mi caso, el guionista de la película de mi vida no cobra
ni un duro, y así me va.
Al parecer, el último pasatiempo
en este país consiste en plantearse aquello de ¿Qué
es ser español? Todo el mundo trata de averiguar si
se ‘siente’ español o no. Todavía no tengo
muy claro qué debes sentir exactamente, supongo que será
algo así como lo que se siente al tener la regla, una sensación
que los hombres jamás entenderíamos y que las mujeres
descubren por los anuncios de compresas. Nadie parece tener muy
claro cuáles son los síntomas de la ‘españolidad’
(¿’hispanidad’?) pero a cambio todos quieren
ser europeos ¡Ay, Europa! Europa es moderna, dinámica
y con una gran historia. Todos ansiamos ser Europa. Europa huele
a progreso, a futuro, en cambio Madrid huele a ajos, como dice la
legítima de Beckham, lady Beckham para los enemigos.
Beckham no es europeo, no, él es inglés ¡ay,
Inglaterra! Dices Inglaterra y se te llena la boca de los cuadritos
de Burberry. Pero Inglaterra es inalcanzable, Londres nunca olerá
a ajos, ni tan siquiera a chorizo. Nos tendremos que conformar en
perder el culo por intentar ser europeos, y es una pena porque,
después de todo el esfuerzo que hemos hecho para ser europeos,
y resulta que llevamos en Europa desde que el Mar Muerto sólo
estaba enfermo. Mientras, aquí seguimos igual, con ese dilema
moral día tras día: ‘si yo vivo en España,
y España está en Europa ¿puedo ser europeo
pero no ser español?’ Y así estamos, que
no ganamos para disgustos.
Al fin y al cabo si Europa existe es para fastidiar a los americanos.
Hablo de fastidiar a los yanquis, a los otros americanos,
a los del sur, no, ésos siempre nos han caído bien
pese a que, en ciertas ocasiones, no nos hayamos portado con ellos
como hubiese sido menester. Yo creo que si queremos ser europeos
es para fastidiar a los yanquis, para poder tratarles con condescendencia,
hablarles con ese tonillo que nos reservamos para explicarles a
los niños que hay cosas que están mal y que no se
deben hacer. Aunque la mayoría de las veces, los niños
no nos hagan ningún caso. Ser europeo te da derecho a tratar
a un norteamericano con prepotencia, sea el americano que sea. Da
igual que no hayas leído un libro en tu vida, que seas un
grosero insoportable… no importa, si eres europeo tienes derecho
a mostrar todos los aires de superioridad que quieras delante de
un yanqui. Da igual que hables con John Updike, Paul Auster
o el mismo Herman Melville redivivo, ellos son unos incultos por
la simple razón de que tú eres europeo, y en la definición
de europeo, antes de cualquier otra estupidez viene escrito aquello
de: ‘los yanquis son tontos’. Todos queremos
ser europeos, acaso ¿hay alguien que no le gustaría
tener entre sus derechos fundamentales la gracia de poder despreciar
a los ciudadanos de un Imperio cuyo emperador no es más que
un pobre asno?
________________________
A: ¿Alguna vez has amado
tan fuerte que te ha dolido?
B: No, pero sí que he
llegado a odiar con tal intensidad que ha acabado doliéndole
a otro.
Paulo Coelho es un señor que escribe
libros… no me corrijáis, no pienso llamarlo escritor.
Como iba diciendo, el señor Paulo Coelho escribe unos libros
que te hacen pensar cosas como: ¡oh, que profundo! - o también,
y rizando el rizo - este libro representa una epifanía espiritual
que me ha hecho crecer interiormente.
El señor Paulo Coelho también escribe artículos
para algunas revistas, pero no por ello es un periodista. Cuando
lees un artículo del señor Paulo Coelho se te ocurren
palabras como sabiduría, revelación y otras muchas
parecidas que jamás dirías juntas en voz alta por
temor a ser internado en un centro de atención psiquiátrica.
El señor Paulo Coelho no es, por tanto, ni escritor ni periodista,
es un señor que vive de un movimiento llamado New Age, algo
así como una religión adaptada a la sociedad capitalista,
una espiritualidad a la carta con la que podrás prescindir
de crucifijos y demás parafernalia que no conjunta para nada
con el sofá de Roche Bobois. La New Age es algo así
como la prolongación religiosa de un día de compras.
Un día vas de compras y llegas a casa con un disco de chill
-out, incienso con aroma de flor de loto, un quemador de aceites
esenciales, unas velas carísimas de diseño, té
verde y un kimono para practicar tai-Chi. Pues bien, con todo esto
te puedes montar en cinco minutos una religión adaptada con
horarios flexibles ti y durante unos instantes creerte conceptos
como ‘vida interior’ o ‘meditación’
aunque no sepas distinguir entre Feng-Shui y Tai-Chi, y creas fervientemente
que las dos tienen algo que ver con las películas de Bruce
Lee. Vamos, comodísimo. Paulo Coelho, que es muy listo, ha
sabido aprovechar el tirón del New Age al máximo,
sabe que en un mundo donde se ha perdido la espiritualidad, una
parábola por aquí, una fábula por allá
y cualquier historia que suene muy profunda y trascendente parece
ser capaz de desentrañar el sentido de la vida. Y esto, admitámoslo,
reporta pingües beneficios a quien sabe aprovecharse. La gente
no quiere un dios, quiere aromaterapia, feng shui y libros de geishas
(algún día hablaré de las geishas, otro de
mis temas favoritos).
La New Age, como religión moderna que
es, sigue tendencias, igualito que la moda. Hay temporadas en que
se lleva lo oriental y todo el mundo se compra cualquier cosa que
lleve una letra china escrita, va a clases de yoga, y se pone a
comer sushi proclamando a los cuatro vientos que está buenísimo
mientras apenas puede contener las arcadas. Otras veces le toca
a la ‘sabiduría árabe’, aunque últimamente
lo árabe está de capa caída debido a que los
americanos no sienten demasiado aprecio por aquello de la ‘sabiduría
árabe’.
Paulo Coelho es listo como un tiburón
a régimen, ha sabido reinventar las ideas de las grandes
religiones en una versión light (apta para el consumo de
la generación MTV) al tiempo que les echaba un poco de filosofía
de bolsillo, dudas existenciales y la tradición de pueblos
como los tuareg. Incluso algunas veces el Sr. Coelho pasa de reinventar
a copiar como lo hizo en ‘El demonio y la señorita
Pym’, una de sus últimas novelas. Para los incrédulos
aconsejo la lectura de ‘La barca sin pescador’ de Alejandro
Casona que casualmente tiene el mismo planteamiento que la novela
de Coelho, sólo que fue escrita mucho antes.
Ser Paulo Coelho, no es demasiado
difícil, supongo que es como la mayoría de las cosas
en esta vida, si te crees tu rol tienes la mitad de la partida ganada.
Luego sólo tienes que ponerte a escribir cuentos sobre sabios
monjes que aconsejan a peregrinos, o sobre viajes iniciáticos,
o sobre sueños y visiones. Lo difícil del asunto consiste
en inventar a Paulo Coelho, para lo cual llegamos tarde. Por supuesto,
sobre gustos no hay nada escrito, cuando estos son los de los demás.
Ayer hablaba con
uno de mis amigos intelectuales. Un amigo intelectual es necesario
en toda vida social que se precie. Son lo último. Si quieres
ser alguien, consíguete un amigo intelectual ya, así
podrás empezar a presumir cuanto antes. Además de
algo tienen que comer, ya sabes: ‘siente a un intelectual
a su mesa’. Antes estaban de moda los amigos gays, pero el
mercado de amigos gays anda saturadísimo. Ser creativo, hacer
algo diferente es cada vez más difícil, hoy en día
todo el mundo sabe inglés y tiene un amigo gay. Pero ahora
se lleva lo del amigo intelectual y comer sushi que tiene más
mérito. Si además vomitas el sushi a escondidas eres
lo más cool. Me estoy desviando, así que
centrémonos.
Como iba diciendo,
ayer hablaba con un amigo intelectual. Éste en particular,
es algo así como catedrático en telefilmes de
sobremesa de sábado, vamos, todo un erudito. Hablábamos
sobre los diferentes tipos de telefilmes de la sobremesa de los
sábados y los clasificábamos. En la primera clasificación
estuvimos los dos de acuerdo: ‘todos ellos son la peor muestra
de cinematografía existente’. Pero luego tuvimos nuestros
más y nuestros menos. Propuse como categoría de telefilme
de sábado ‘conflicto entre clases sociales’,
pero él no quiso aceptarlo. Dijo que ya no se hacían
telefilmes de ese tipo y parece que tiene razón. ¿Qué
ha sido de los telefilmes de ‘conflicto entre clases sociales’?
Los telefilmes
de ‘conflicto entre clases’ tenían su propio
género. Una niña pija de buena familia se enamoraba
de un chico pobre y juntos se oponían a sus mundos y a sus
familias en pos de construir una sociedad más justa y menos
clasista en la que poder amarse en libertad y bla, bla, bla. Todo
muy épico, muy ‘americano’. A algunos de ellos
se les añadía una variante intelectual en la que el
chico de los barrios bajos era realmente brillante, por lo menos
el nuevo Stephen Hawking de los barrios bajos (véase El indomable
Will Hunting, que aunque se estrenó en los cines tenía
la mismita caspa que cualquier telefilme casposo de sábado
por la tarde, además de a Matt Damon). Sigamos con los telefilmes.
Los actores eran espantosos, la producción era espantosa,
todo era espantoso, pero como todo estaba tan estereotipado y se
repetía siempre, tenías la certeza de que acabarían
bien. Y cuando algo ya lo conoces te acaba gustando. Pero, hete
aquí que ya no filman más de estas maravillas del
séptimo arte. Quizás ya no hagan más falta.
Quizás ya ha llegado el fin de la sociedad de clases y yo
aun no me he enterado. Claro, como no veo tele ando desinformado.
Seguramente hace ya tiempo que pregonaron a bombo y platillo la
muerte de la sociedad de clases y yo hecho un clasista de los de
toda la vida, aquí, sin enterarme.
Pero no, la sociedad
de clases no ha muerto. Ya me extrañaba a mí. Basta
con que te compres la revista GQ, ese engendro de Cosmopolitan (otro
engendro) masculina, para darte cuenta de que aun hay clases y clases.
Están aquellos para los que comprarle un collar Gucci a su
perro les ayuda a deshacerse de la calderilla de los bolsillos porque
‘el perro es el mejor amigo del hombre’ y están
otros que no comprarían el collar de marras porque ‘el
perro es el mejor amigo del hombre pero nunca el mejor amante’.
Resignémonos, las clases aun existen y gracias a Dios también
la conciencia de clase, por ejemplo, yo estoy orgulloso de no pertenecer
a la clase de personas que leen la GQ.
Siempre he tenido
la sospecha de que los idealistas, los que luchan por un mundo mejor,
son en el fondo, unos cínicos. Estoy seguro de que saben
que jamás alcanzarán a ver cumplidos sus utópicos
ideales. Si un ideal pudiese cumplirse no habría ni ideales
ni utopías ¿o sí?
La respuesta está en Bookcrossing.com.
Tiene algo de comunismo, pero nada tiene que ver con política.
Imaginemos que en lugar de la socialización de la economía
del marxismo tuviésemos la socialización de la literatura.
Imaginemos una biblioteca universal en constante movimiento alrededor
de la tierra como ésta lo está alrededor del sol.
Dicen que un buen libro es un buen amigo ya que es tan capaz de
tatuarte una sonrisa en la cara como cualquiera de ellos. Por eso,
solamente si lo compartes, otros entenderán lo que hay encerrado
entre sus tapas de cartón.
El proceso es muy simple, primero registras el libro en la web de
Bookcrossing.com y das
tu opinión sobre él. Luego escoges un buen lugar,
liberas tu libro y esperas a que alguien lo encuentre y lo lea.
Cuando esta persona lea el libro se formará una opinión
que debe volcar en la web y a su vez deberá escoger otro
lugar donde liberarlo, así tu libro emprenderá un
largo viaje cuyo itinerario va marcado por aquellos que lo leyeron.
Quizás Bookcrosing.com haya acabado con el significado de
la palabra utopía porque, lo que no era más que un
sueño se ha hecho realidad. Quizás es ahora que estamos
más cerca de cambiar el mundo.
N
lleva un rato largo esperando. Resopla, se pasa la mano por el pelo
y da pequeños paseos. Está impaciente y mira en todas
direcciones. Tarda mucho. C aparece corriendo y comienza a disculparse. Nosequé
problema con los autobuses. C: ¿Llevas mucho rato aquí solo? N: Sí, pero no pasa nada. He estado pensando. C(sonríe): ¿Sí?
¿En qué? N(como sin darle importancia): Oh, nada…
ya sabes, lo típico… me he estado imaginando practicando
sexo con todo aquel a quien conozco. (C deja de sonreír y mira a N.
N se da cuenta de que puede haberse pasado) N(tratando de disculparse): Yo…
lo siento, no quería ser borde lo que pasa es que he tenido
un mal día y… (C frunce el ceño y le interrumpe) C: ¿Me habías incluido en tu lista? (N alza los ojos al cielo un momento y vuelve
a mirar a C) C(riéndose): Ahora sí. (Se van riendo)
PD:
¿Qué pasa cuando a la vida, por sus propios méritos
un texto dramático, le aparecen acotaciones?
PD 2:
El sistema de comentarios ya funciona. Comentad malditos.
Hoy ha salido otra
vez en la tele. Tanta publicidad sólo indican que deben estar
vendiendo un montón porque todos los días hablan de
él en las noticias. No es que yo sea un consumista patológico,
pero me han acabado convenciendo: yo también quiero uno.
Nunca he tenido uno de estos, así que no sé dónde
se compran. Le he preguntado a mi padre:
- Papá ¿dónde compraron a Bush los americanos?
Menuda desilusión me he llevado.
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Sólo los
muy observadores se habrán percatado de que he renovado el
diseño. ¿Qué os parece?
Escuchando:
That great love sound de The Raveonettes
Ese chico que hace
ruiditos con la boca fue elegido hace poco el hombre más
guapo del mundo o algo así por una revista femenina americana.
Felicidades a los genes de sus progenitores. Estoy hablando de Justin
Timberlake, antes famoso por ser novio de Britney Spears, ahora
famoso porque los ruiditos que hace con la boca se los pagan bien.
Yo no estoy muy enterado de estas cosas pero, por lo que dicen,
Britney Spears aseguró ser virgen cuando salía con
el tal Timberlake, que es lo mismo que decir que su relación
se limitaba a: a)ir mucho al cine b)montar en los caballitos y c)duchas
frías para Justin. No sé por qué, pero no me
extraña que lo dejasen. Ahora le dan este premio por ser
guapo que es algo así como que a una chica le piropeen unos
obreros de la construcción pero en fino, o sea, con menos
gracia. Me da la impresión de que el premio tiene cierto
recochineo, algo así como: ‘eres muy guapo pero debes
ser el doble de tonto, porque con la chica te quedaste comiéndote
los mocos, pringao’, y es que las revistas femeninas, a la
hora de dar premios, pueden ser muy crueles.
Escuchando:
I'm a man of constant sorrow de Soggy Bottoms
Boys
Nunca entenderás
este post si no lees el anterior. Si resulta que puedes entenderlo
sin leer el del día anterior, tus padres deben estar muy
orgullosos de ti.
Hoy el desenlace
de la historia: Yo sobreviví a comprarle un regalo de cumple…
bla, bla, bla (II). Pero antes hagamos un pequeño repaso
a las tiendas que visitamos N. y yo el sábado:
El Corte
Inglés: como ya dije en el post anterior (si no
lo has leído hazlo ya) el único que compró
algo allí fue N, que arguye que hay un imán en la
planta joven que te obliga a comprar en contra de tu voluntad. Es
mucho más simple, N. es un consumista patológico.
Fnac:
Otra tienda, que según N., también tiene uno de esos
imanes que secuestran tu voluntad. En otras palabras, N., también
compró allí. Yo no.
Anticuarios:
mi padre compra algunas cosas en los anticuarios, así
que visitamos algunos. Había multitud de buenas ideas para
regalos, un montón de cosas que le podrían haber gustado
a mi padre. Pero no compré nada en ellos porque o pagabas
los altos precios o tenias que venderle tu alma al anticuario para
sufragar el gasto.
Librerías:
a mí padre le encanta leer, lee muchísimo,
pero según la Ley del Regalo Universal: a) si le compro un
libro a mi padre nunca le gustará b) todo el mundo le regala
libros c) ha dicho varios millones de veces que no le gusta que
le regalen libros. Tampoco compramos nada allí.
Perfumerías:
según mi padre, regalar un perfume es la forma menos
sutil de hacerle saber a alguien la bajísima opinión
que tienes de su higiene personal.
Monedas:
una vez mi padre dijo que le gustaban las monedas de plata,
desde le han regalado 57 monedas de plata (las conté ayer).
Hoy por hoy, mi padre odia las monedas de plata.
Estaba desesperado
y entonces paso algo. Fue algo así como una revelación
estilo San-Pablo-camino-de-Damasco-deslumbrado-por-una-fuerte-luz,
pero sin quedarme ciego. Y decidí que el regalo de cumpleaños
de mi padre sería llevarlo a ver Sit, la última de
Tricicle. Bueno, la verdad es que vi el cartel.
El lunes 8 de Septiembre
es el cumpleaños de mi padre. Los trabajos de Hércules,
la construcción de una presa, la vuelta al mundo a gatas,
cualquier cosa… os lo cambio por salir a comprarle un regalo
de cumpleaños a mi padre. Porque ¿qué se le
regala a quien parece tener todo excepto ganas de tener más
cosas? ¿qué se le regala a alguien que presume de
conocerte muy bien y que ha demostrado ser un maestro en el arte
del regalo? ¿qué se le regala a una persona para la
que la sorpresa no existe? Mi padre es un hombre sincero, como decía
Guantanamera, tan sincero que si no le gusta tu regalo lo sabrás
de sus propios labios para gozo y solaz de tu (en este caso, mi)
maltrecha autoestima. Así es mi papá, siempre con
la verdad por delante.
Clyde se enorgullece en presentaros un nuevo tipo de historias,
en riguroso directo desde el lugar donde se produce la noticia.
Con vosotros mi primera crónica escrita en tiempo real: Yo
sobreviví a comparle un regalo de cumpleaños a mi
padre y encima lo considero un tema lo suficientemente interesante
para escribir un post.
Sábado
6 de Septiembre
10 a.m.
Acabo de salir a la calle, comienza mi odisea consumista particular.
Le he dicho a mi padre que tenía que “ver a unos amigos”,
entonces él ha puesto esa cara suya que parece gritar: sé
exactamente lo que hiciste el último verano, también
sé lo que vas a hacer porque yo lo sé todo, así
que no te molestes en ocultármelo. Empezamos bien, seguro
que sospecha algo… no… no lo creo, mi padre siempre
tiene esa cara.
Ya estoy en la calle, ahora debería pararme a reflexionar
y plantearme seriamente qué podría gustarle a mi padre.
10.05 a.m.
¡A tomar por culo! Estoy perdiendo tiempo, voy a
ponerme a andar y a mirar escaparates hasta que la inspiración
venga a mí.
11 a.m.
¡Oh Dios mío! ¡Oh Dios mío! ¡Oh
Dios mío! ¡Aun no he comprado nada! Llevo casi una
hora andando sin rumbo y aun no sé ni por asomo qué
le podría gustar. Esto se me está haciendo eterno…
esa cazadora es bonita, voy a entrar a ver cuánto cuesta.
11.15 a.m.
En situaciones desesperadas hay que tomar medidas desesperadas,
voy a llamar a N.
N:
¿Sí? Yo: Necesito tu ayuda. N: ¿Qué pasa? Yo: Tengo que comprar un regalo de cumpleaños. N: ¿Ah sí? ¿Para quién? Yo: Bueno, para… mi padre. (N. conoce a mi padre) N:… Yo: ¿Estás ahí? N: ¿Para tu padre? Yo: Sí… N: ¡Oh Dios mío! ¡Oh Dios mío!
¡Oh Dios mío!
Dice que viene en
media hora. Con dos personas será todo mucho más fácil,
no en vano dicen aquello de ‘cuatro ojos ven más que
dos’. Estoy seguro de que a N. se le ocurrirá alguna
buena idea.
12.00 a.m.
N. llega tarde y no hago más que pensar en sus ancestros
y en muertes muy dolorosas.
12.05 a.m.
N. viene corriendo y resoplando. Dice que deberíamos
dar una vuelta por El Corte Inglés. Tiene razón, allí
hay de todo, seguro que algo habrá que le guste a mi padre,
no puede ser tan difícil.
12.45 p.m.
Sí puede serlo. Hemos salido de El Corte Inglés con
las manos vacías. Bueno, ‘he salido’, N. ha aprovechado
para quemar la VISA en la planta joven, lleva una bolsa en cada
mano, y una gran sonrisa en la cara.
1.00 p.m.
N. ha insistido en parar a tomar un helado y descansar un poco.
Necesita un sitio donde dejar las cinco bolsas que lleva ahora.
Yo aun no he comprado nada y creo que si N. compra algo más
le desollaré vivo.
1.05 p.m.
Se me acaba de encender una bombilla encima de la cabeza: ya sé
lo que le voy a comprar a mi padre.